Desarrollo

La televisión pública encuentra su razón de ser en dos pilares fundamentales. El primero, es capaz de ofrecer al público general (o preferiblemente por segmentos) una programación total o, al menos, parcialmente diferente a la de otras cadenas, al no estar supeditada la programación a las ganancias que vaya a generar por la transmisión publicitaria. Al mismo tiempo, puede usar su estructura como estatal o de propiedad pública para promover una sintonización masiva, llegando a los confines últimos del territorio.
En países de Latinoamérica estas garantías son de importancia, tanto en Uruguay como en otros países como Brasil, Colombia o Perú, donde la cobertura televisiva aún no es total.
Ornar Rincón (2005, pag. 12) ejemplifica la importancia de la televisión y realza el valor de su potencial en cuanto al manejo de, por ejemplo, la opinión pública. “El aparato dejó de ser admirado para transformarse en un objeto alabado, en el nuevo altar donde se revelan las verdades modernas, se documentan las nuevas maneras de ser dioses y las inimaginadas formas que ha tomado la fe en nuestros tiempos. Cada noche le cumplimos la cita, le rendimos culto, le dormimos y le celebramos. Desde entonces, la pantalla no se llena de imágenes y sonidos, sino de formas culturales, deseos colectivos, necesidades sociales, expectativas educativas, rituales de identidad; la tele se convirtió en la institución social y cultural más importante de nuestras sociedades."
A pesar del evidente peligro que supone aceptar esta condición, el profesor Felix Schwartz (2008, pag. 7) nos habla de ese valor de servicio que puede y debe mantener la televisión. “La defensa de la democracia como núcleo y función principal de la radioteledifusión y de los medios de prensa es de una importancia invalorable, ya que constituyen instancias de contralor independientes y desarticuladas”.
Esto nos remite directamente a los conceptos de democracia, democratización de la información y pluralidad, que si bien parecían asegurados, existen opiniones que niegan que sean respetados en la televisión de libre mercado, por lo que abogan por una televisión pública de calidad. De acuerdo con Miquel de Moragas y Emili Prado (2007, pag. 3), el actual esquema de televisión no garantiza las necesidades sociales, políticas o culturales para democracias modernas, ni delimita los espacios dedicados a las comunidades (programas culturales o de divulgación), así como “tampoco garantiza el acceso equitativo para todo el conjunto de la sociedad a los servicios y bienes culturales derivados de la innovación tecnológica”.
Las televisiones públicas, en general, y no hay que desplazarse excesivamente en el tiempo o en el espacio para comprobarlo, pecan en ocasiones de una visible politización de sus contenidos, así como de una evidente basculación del personal gerente coincidente con los cambios de partido en el gobierno.
Al depender de los gobiernos del momento -democráticos o no-, estos canales han estado marcados por una dirección cambiante e inestable, lo cual vuelve tortuosa su historia” Fuenzalida (2000, pag. 2)
En el caso de la televisión pública en Uruguay, son conocidos los problemas graves de financiación a lo largo de toda su historia, así como una recurrente y siempre presente obsolescencia de los materiales y del “cuerpo gerente” y técnico. Uruguay no ha sabido renovar su modelo de televisión en los últimos años, aunque quizás es ahora, con la entrada de gobiernos de tendencia más izquierdista, cuando se atisba a ver la luz en términos de calidad e impulso de programas de interés nacional.
Por otro lado, se hacen cada vez más frecuentes los programas culturales o de divulgación con aspiraciones de calado social. La producción de documentales de gran calidad, por ejemplo, es el refrendo cotidiano de esta realidad.
Se dice que el patrón de selección de contenidos que actualmente intenta poner en práctica la televisión pública uruguaya corresponde al modelo de “Valores vulnerables” existente en Europa, o el de “Interés general”, presente en EEUU.
No obstante, se han lanzado críticas contra la televisión pública en Uruguay, tales como el siempre visible “sello político” de cada administración que marca la parrilla (“grilla”) con su impronta, o la falta de un verdadero y auténtico servicio público, así como que la mayoría de los programas de entretenimiento son de producción extranjera.

Conclusiones

Siempre habrá detractores de la televisión pública.
Se dirá que la televisión pública es cara. Se dirá que es aburrida, que no interesa a nadie. Se dirá que está contaminada por los cambios de gobierno. Por el enchufismo, por el pago de sobreprecios. Se dirá que la televisión pública “no sirve” porque “ya hay otras” cadenas de televisión. Que no aporta nada nuevo. Se despreciará y se intentará confinar a un lugar marginal bien lejos de lo engalanado de las otras cadenas de titularidad privada, que se presentan con méritos y glorias, repletas de exclusivas, de partidos de fútbol en alta definición. Se dirá que no atiende a un verdadero servicio público. Que está desfasada, obsoleta, que es de otra época. Se dirá que obedece a los dictados de los partidos políticos, que no garantiza la diversidad y que no tiene un formato atractivo.
Se dirán muchas cosas y muchas de ellas serán verdad.
Siempre habrá detractores de la televisión pública como los hay del transporte público, la sanidad o la educación también públicas.
Pero es también realidad que no se puede confiar en la credibilidad y el rigor de los oligopolios que controlan todas las otras cadenas. Que hay que decir basta a esta situación de exposición degradante de personas que venden su vida por treinta monedas de plata, dando ejemplo a una sociedad con una conciencia crítica cada día más marchita. Que las cadenas públicas son el único recurso garante de la verdadera pluralidad que ya no nos dan las otras emisoras. Que ya hay suficiente fútbol, concursos absurdos, programas de cotilleo.
Se dirán muchas cosas sobre la televisión pública. Pero mande quien mande, esté o no esté contaminada por esos problemas descritos arriba, es de las pocas cosas que aun tiene el ciudadano en su bolsillo, antes de que los mercados también consigan participaciones de la misma.
Por una televisión pública plural, critica, honesta y de calidad.


Referencias bibliográficas

Fuentes académicas

  • Rincon, Ornar (2005). La Televisión pública.
    • o Konrad Adenauer Stiftung (2008). Televisión pública: experiencias de Alemania y Latinoamérica.
    • o Radakovich, Rosario (2005). Entre espejos y espejismos. La televisión pública en Uruguay.
    • o Moragas M. y Prado E. (2007) Repensar la Televisión pública en el contexto audiovisual.
    • o Fuenzalida, Valerio (2000). Situación de la Televisión Pública en América Latina.