Fueron concedidas en los años cincuenta las licencias televisivas para poder operar en abierto. Sin embargo, fue en el año 1963, durante una crisis con ruptura social y económica, cuando, de hecho, el canal público uruguayo (TNU- Televisión Nacional de Uruguay) empezó a emitir en abierto para todo Uruguay. Más recientemente, en 2002, pasó a formar parte directa de las competencias del Ministerio de Educación y Cultura.
Uruguay fue país pionero en el desarrollo de la puesta en práctica audiovisual de las telecomunicaciones. No obstante, pasaron los años y sus comienzos fueron relegados a categoría anecdótica, mientras que se sucedió la “americanización” progresiva de los productos televisivos emitidos, tanto en las televisiones de propiedad privada como en las que estaban controladas por el Estado (TNU y TevéCiudad en su caso).
En su análisis sobre la TV en América Latina, Fuenzalida (2000, pag. 6) critica fuertemente las aspiraciones de la televisión privada “la programación televisiva ha resultado ser, en general, poco atractiva y de escasa audiencia. Los canales que subsisten son aquellos que ofrecen una programación que seduce masivamente a la audiencia; esto es, son aquellos que no se conforman con una audiencia marginal hacia una programación de atracción minoritaria sino que compiten por tener una preferencia destacada en la sintonía” pero admite los fallos intolerables del funcionamiento de la televisión pública: que la oferta no está diversificada, los vaivenes en la dirección de los canales públicos, una no-sustentación económica por publicidad que acota en gran parte las posibilidades de gasto de estas empresas estatales, la dura persuasión política, la falta de garantías en la difusión del material audiovisual (por cobertura del servicio), lo poco atractivo de la programación, la mala gestión, la falta de servicio público o la inexistencia de una programación para élites o minorías, targets potenciales que quedan sin cubrir por el ente privado ni por el público.